Anoche me acosté temprano, gracias a que estaba fusilado porque me tuve que hacer cargo del despelote que dejé en el laburo el viernes, y porque había llegado a las 7 de Tres Arroyos. Desperté hoy a las 9, y dije que quería seguir durmiendo (solo porque sí), asique lo hice.
En el rato que pasó desde ese momento, soñé que era gigante. Estaba simplemente parado sobre un pueblo/aldea, y la gente me miraba horrorizada. Esto es algo que supongo, porque los veía correr desesperados alrededor mío, pero aun así no veía sus caras (soy miope, y desde esa altura la gente se veía chiquita). Tuve cuidado de no pisarlos, y me fui a dar una vuelta por ese lugar. Me encontré con una montaña y la trepé. Hoy aprendí que cuando sos gigante es fácil trepar montañas.
Arriba, en una zona plana, me encontré con un par de túneles por donde se ve que pasaban trenes. En ese instante se me distorsionó la idea de mi propio tamaño, porque quise entrar arrastrándome y los hombros me entraban -justos, pero me entraban- en el túnel (como le dije a Nacho, algo ilógico si uno considera que trepé una montaña en cinco segundos). De todos modos, no llegué a entrar completamente porque vi una luz y no quería ser atropellado por un tren, aunque fuera más o menos como ser atropellado por un tren de juguete como los del reverendo Alegría.
Cuando saqué la cabeza del túnel, rodee esa parte de la montaña y me encontré con un set donde supuse que estarían filmando una película. Había bastante gente, y cuando me vieron los muy forros me empezaron a cagar a tiros (yo no sé desde cuándo llevan pistolas y fusiles a un set de filmación). Corté menos diez y bajé la montaña como bajás cinco escalones de una sola vez: con un poco de esfuerzo pero sin chivar una gota (se ve que nuevamente cambié de tamaño como la drogona de Alicia comiendo hongos). Ojalá la película les salga horrible.
Una vez abajo, sano y salvo porque por lo visto esa gente no tenía suficiente puntería para meterle un plomo a un gigante, di una vuelta por los alrededores cuidándome de no pisar gente ni árboles y después es todo bastante irrelevante porque al toque me desperté; eran las once de la mañana, tenía mi tamaño de siempre y un delicioso dolor de cabeza por dormir trece horas.
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