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le dicen pastor de huestes

Situación: los troyanos le están dando la biaba de su vida a los aqueos, a quienes Zeus (portador de la égida) quiere denigrar hasta lo infinitesimal, por haber tenido el Atrida Agamenón (soberano de hombres) el tupé de ofender al Pélida Aquiles (el de los pies ligeros). Están junto a las naves; dirigidos por Héctor (el de tremolante penacho) ya hicieron percha el muro que habían levantado los griegos, al punto en que al Atrida ya se le ocurrió cortar menos diez cuando se hiciera de noche. Obviamente, lo sacaron cagando entre Ulises y el Tidida Diomedes, a quienes no les pongo los epítetos.

Hera (de inmensos ojos) trama una jugarreta, por allá por el canto XIV, para engatusar a Zeus llevándoselo a la camita y dejándolo fuera de combate (?) por un rato. El plan de Hera se presenta así:

Y éste fue el plan que se le reveló como el mejor en su ánimo:
marchar al Ida después de acicalarse bien ella misma,
para ver si a él le entraba el deseo de acostarse amorosamente
unido a su cuerpo, y ella entonces un suave y tibio sueño
podía derramar sobre sus párpados y sus juiciosas mientes.

En pocas palabras, Hera quería echarle unas pastillas en la bebida, estilo date rape. Al principio el Sueño no quería saber nada con la empresa que la Primera Dama del Olimpo le proponía: ya había estado cerca de ligarla una vez por dormir a Zeus. No era suficiente para él el trono que Hera le ofrecía, fabricado por Hefesto. Así y todo, demostrando que alimentando la codicia y el apetito sexual lo suficiente, más tarde o más temprano se paga el precio de todos, el Sueño accedió a hacer su parte sólo después de que Hera le prometió:

Así que ve, y yo una de las juveniles Gracias
te daré en matrimonio y para que sea llamada esposa tuya,
a Pasítea, que es la que sin cesar anhelas todos los días.

Una vez convencido el Sueño, hacen cada uno lo suyo. Zeus la ve pasar a Hera; Hera le mete la excusa de que está yendo a hacerle una suerte de terapia matrimonial a Océano y a Tetis; a Zeus no le importa un carajo y le dice que se quede y se encame con el, no sin antes enumerarle bien precisamente:

Nunca hasta ahora tan intenso deseo de diosa o de mujer
me ha inundado el ánimo en el pecho hasta subyugarme;
ni cuando me enamoré de la esposa de Ixión,

[···]

ni cuando de Dánae Acrisiona, la de bellos tobillos,

[···]

ni cuando de la hija de Fénice, cuya gloria llega lejos,

[···]

ni tampoco cuando de Sémele, ni de Alcmena en Tebas,

[···]

ni cuando de la soberana Deméter, de hermosos bucles;
ni cuando de la eximia Leto, ni cuando de ti misma;
tan enamorado estoy ahora de ti y tan dulce deseo me domina.

Evidentemente Zeus no albergaba temor a represalias ni escenas de celos. Cuestión que se ponen a bailar el malambo horizontal, Zeus se queda dormido, y el Sueño se apuró para llegar a las naves aqueas a avisar a Poseidón (sacudidor de la tierra), que estaba queriendo ayudar a los griegos aún contra el deseo de su hermano mayor (que además le daría una paliza), del somnífero que le había filtrado. Poseidón incita a los aqueos a volver a pelear, proponiendo en el medio que los mejores escudos y armas se den a los mejores humanos, y los peores a los humanos más inferiores. Esto tiene una horrible lógica inamovible.

Ya en plena pelea, Héctor intenta bajar un pájaro gordo y arroja su pica en dirección a Ayante Telamonio, que no la esquiva pero no recibe ningún daño, gracias a sus armas. Sucede lo siguiente:

Héctor se irritó,
porque el ligero proyectil había escapado en vano de su brazo
y se replegó a la turba de los compañeros, por eludir a la parca.
Según se alejaba, el gran Ayante Telamonio, con un guijarro
de los muchos que había como calzos de las veloces naves
rodando a pies de los combatientes, levantando uno de ellos,
le acertó en el torso cerca del cuello sobre la orla del escudo.
El golpe lo lanzó como un trompo, haciéndolo girar por doquier.
Como cuando a causa del impacto del padre Zeus cae una encina
abatida de raíz, y el temible olor del azufre se esparce
desde ella, y desfallece en su valor el que lo contempla
y está cerca, pues duro es el rayo del excelso Zeus,
tan de repente cayó al suelo la furia de Héctor en el polvo.

Lo demás, es historia. A Héctor se le cae todo de las manos y vienen sus secuaces a protegerlo de los aqueos, ebrios de guerra, que quieren partirle las muelas.

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  1. 5 Noviembre, 2009 a las 10:39 am | #1

    Jajajaja…lo de “a la camita” me mató…

    Mis reflexiones al respecto es que la mitología plantea que gran parte de los problemas son las mujeres. Ahora bien, qué hubiera pasado si era Hera no hubiera sido tan bitch y Helena de Troya hubiera sido fea?

    En fín, me gustaría tu análisis de la historia del Minotauro en la Isla de Creta…(?)

    :amotuspostsñoños:

  2. 8 Noviembre, 2009 a las 10:21 am | #2

    Ulises, laértida, fecundo en ardides!

  3. 11 Noviembre, 2009 a las 6:11 pm | #3

    qué nerdas que son las dos… me encanta..

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